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¿Una nueva vida para las cabinas telefónicas?


Con 2016 desaparece también la ley que obliga a instalar un teléfono público por cada 3.000 habitantes. Aunque apenas nos fijemos ya en ellas, en España actualmente existen aún alrededor de 25.000 cabinas telefónicas en activo. Parecen muchas pero si retrocedemos quince años atrás, comprobamos que por aquel entonces eran más de 100.000 las que se repartían por toda la geografía.

Hoy día, como ocurre en otros países, el número de smartphones supera al de habitantes, y la instalación de ADSL o Fibra Óptica en los hogares posibilita el uso masivo de líneas "fijas" y de móvil por la mayor parte de la población. 
 
Estos datos confirman que los teléfonos públicos hace tiempo que dejaron de ser rentables para la compañía que los gestiona, dado el gasto necesario para realizar un correcto mantenimiento, (eran objeto habitual de actos vandálicos y robos por lo que precisaban continuas reparaciones); en relación al número de usuarios que las utilizan.
 
La progresiva desaparición del roaming también propicia que los extranjeros que hacían uso de ellas, tanto turistas como residentes en el país,  hayan dejado progresivamente de hacerlo.
 
Adelantándose a la realidad del presente, hace unos años en Reino Unido empezaron a reconvertir estos espacios en nuevas propuestas gracias a un puñado de emprendedores. Cafeterías, tiendas... De entre todos los proyectos en funcionamiento en la capital británica es interesante conocer Lewisham Micro Library.
 
Aprovechando una vieja cabina situada entre Loampit Hill y Tyrwhitt Road, los vecinos han construido la primera minibiblioteca de la ciudad. Ofrece un servicio gratuito de intercambio de libros, basado en la colaboración comunitaria.
 
Cada persona que toma prestado un libro debe corresponder con otro de su propiedad que deja en el mismo espacio para otro usuario. La biblioteca está abierta las 24 horas del día y hasta el momento constituye un gran éxito.
 
El interior de la misma ha sido diseñado y construido por Sebastian Handley, y el funcionamiento está regido por la Brockley Society, una asociación comunitaria abierta y gratuita para todos los que viven en el área, fundada en 1974 y dirigida por voluntarios; y Claire Cowan. Gracias a ellos un grupo de vecinos compró el espacio por tres libras a la empresa de telecomunicaciones British Telecom.
 
Los propios habitantes de la zona ejercen como bibliotecarios, tutorizando que las entregas se realicen adecuadamente y que el funcionamiento del servicio sea correcto.
Tal vez este proyecto pueda ser exportado a otros lugares donde las cabinas parecen tener los días contados por el avance de otras tecnologías y servicios antes de que queden condenadas a convertirse en un lejano recuerdo, (casi siempre), de juventud.
 
 
[Imagen: Londonist.com]
 
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