El escritor, guionista y dibujante danés, creador de la serie de cómics Manu y Moha, entre otras historias, reúne en este volumen tres pequeñas historias ilustradas (Vitelo quiere un padre, Vitelo conoce a Dios y Vitelo salva el mundo); mediante las que conocemos en profundidad las irreverentes aventuras de un niño que, con desparpajo e inocencia, a partes iguales, describe su peculiar ecosistema diario. Vive con su madre y le encantaría conocer un poco más a su padre, pero no goza de muy buena fama ni sale bien parado en las descripciones y conversaciones domésticas, por lo que se propone encontrar un sustituto adecuado, un deseo que genera divertidas y extravagantes situaciones. Además, acaba de conocer a un simpático perrito que le conduce al mismísimo Dios, o al menos eso es lo que pretende hacerle creer un solitario anciano en el pueblo. Y, por si fuera poco, alertado por lo que su mamá ve en la tele o las enseñanzas que aprende en las partidas de videojuegos con sus amigos, ha empezado a tomar conciencia de que debe salvar el mundo antes de que sucumba al caos. La serie, que no elude aspectos políticamente poco correctos en los parámetros habituales de la LIJ, cuenta con una adaptación a la pantalla y sorprende por su frescura y descaro. La narración alterna distintos tipos de tipografías y se complementa con una colección de ilustraciones, con abundancia de primeros planos, diseñadas con gruesos trazos en grafito y posterior retoque digital.
El escritor, guionista y dibujante danés, creador de la serie de cómics Manu y Moha, entre otras historias, reúne en este volumen tres pequeñas historias ilustradas (Vitelo quiere un padre, Vitelo conoce a Dios y Vitelo salva el mundo); mediante las que conocemos en profundidad las irreverentes aventuras de un niño que, con desparpajo e inocencia, a partes iguales,... Seguir leyendo
Vitelo y su mundo

El niño al que llamaban Vitelo vivía con su mamá en un adosado pegadito a la carretera de circunvalación. Se oía mucho el tráfico, pero al menos era en un sitio céntrico. Se oía mucho el tráfico, pero al menos era en un sitio céntrico. La mamá y Vitelo tenían un Audi bastante nuevo con un solo rayajo en la pintura.