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Promoción de la lectura en comunidades indígenas y lenguas nativas (Fundalectura, Colombia)

 

La pregunta por la forma de llevar a cabo una exitosa promoción de la lectura atañe en especial medida a países como los nuestros donde la población presenta raíces variadas, con una historia compleja en cuanto a integración y en los que las comunidades originarias mantienen, en mayor o menor medida, rasgos e identidades colectivas que se afianzan en las lenguas nativas y que hoy por hoy luchan contra el desdibujamiento identitario que supone la pérdida, a veces paulatina, a veces vertiginosa, de las lenguas nativas

El lenguaje entraña una forma de pensar y de comunicarse con el mundo colindante. Las palabras que usamos, la sonoridad de nuestras frases, el ritmo de una conversación, moldean un esquema de pensamiento y una manera de ser con los otros. Ida la lengua, olvidado el lenguaje, se perderá un sentir, una visión de mundo, una comunidad, una cultura.

El pasado encuentro IBBY de Latinoamérica y Caribe en Perú, me despertó el interés por ahondar en este tema que ya viene siendo parte medular de las preguntas y aproximaciones en Fundalectura a la promoción inclusiva de la lectura en Colombia. Fue significativo escuchar, entre la multiplicidad de idiomas que se hablan en las calles de toda ciudad cosmopolita y turística como Lima, conversaciones quechua, más bien pronunciadas en voz queda.

El quechua, como muchas otras lenguas nativas, no tiene grafía y los esfuerzos por adaptar la lengua a una forma escrita tienen un recibimiento contradictorio, no siempre favorable por parte de la población. La grafía, la sintaxis y la gramática que se intentan aplicar, vienen de aquellas de corte occidental, lejano a la forma de concebir el mundo y el lenguaje de las comunidades indígenas. En cambio de percibirlo como un mecanismo para preservar su lengua, sus hablantes nativos suelen leerlo como una manera de sojuzgarlos, meterlos en camisas que no son propias y obligarlos a normalizarse bajo parámetros ajenos.

Lo anterior hace aún más complejo el tema de fomentar la lectura y la literatura entre las diferentes comunidades que habitan un país. Adicionalmente, parece haber algo que podríamos denominar una vergüenza histórica, la creencia de que las lenguas originarias limitan las posibilidades a futuro de quienes las hablan y los ponen en desventaja por sus raíces indígenas. Así las cosas, las lenguas parecerían condenadas a su desaparición, y con ella, al resquebrajamiento de una cultura y de una sabiduría tradicional que mantiene firme una identidad y una lógica de convivencia entre diferentes pueblos.

En las mesas redondas del Encuentro, IBBY Bolivia ilustró la situación vivida en su país, en el que 75% de la población habla en alguno de los 32 idiomas indígenas presentes en el territorio y tan solo 25% habla español. Es un país plurilingüe y multicultural en donde la oferta de libros y lecturas disponible está solamente en español. Girandula, IBBY Ecuador, coincidió con la dificultad de abordar el tema de la alfabetización y fomento de la lectura en su país debido a la fuerte presencia de las lenguas indígenas. ¿Cómo recomendar lecturas y enamorar a una población con la literatura si lo que se les entrega pareciera ir en contra de lo que los distingue y los mantiene unidos? ¿Cómo hacer de la promoción de la lectura un servicio y no una afrenta a las comunidades originarias que habitan en nuestros territorios?

CEDILI, IBBY, Perú comentó sobre el Proyecto Educativo en Áreas rurales (PEA), en el que encontraron mucha población analfabeta viviendo en caceríos y que se resiste a trabajar con la lengua materna. Frente a ello empezaron a rescatar recetas, fábulas e historias en quechua y trabajaron con madres arpilleras para coser libros y cuentos artesanales en tela. Estos tuvieron un buen recibimiento por parte de las poblaciones. Ya hoy día tienen también ediciones impresas de algunos cuentos escritos en quechua y aymara.

En Colombia hay alrededor de 100 pueblos indígenas cuya población alcanza 1.400.000 personas. 82 de estas comunidades hablan alguna de las 65 lenguas amerindias del país. De estas lenguas solo nueve las habla toda la comunidad, 32 las habla la mayoría del pueblo, 15 están en retroceso porque en las dos últimas generaciones han perdido gran parte de sus hablantes y nueve están al borde de la extinción.

Desde 2010, Fundalectura viene editando libros con enfoque diferencial que rescatan lenguas nativas de diferentes pueblos que hacen parte de Colombia. Apostamos por la revitalización de las lenguas entregando nanas, rimas y arrullos para que los papás rememoren su lengua mientras les cantan amorosamente a sus bebés y van construyendo fuertes lazos afectivos con el idioma y con su familia más cercana. Creemos que desde allí podemos impulsar un reencuentro cariñoso de la comunidad con las raíces que entrañan su idioma, podemos incluirlos entre la población objetivo de nuestros proyectos y fomentar a la vez el reconocimiento, la tolerancia y el reencuentro con la diversidad cultural y lingüística que tenemos. 

El año pasado, Fundalectura editó con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), la audioteca De agua, viento y verdor; Paisajes sonoros, cantos y relatos indígenas para niños y niñas. La audioteca es una publicación que recoge la memoria y cotidianidad de nueve comunidades indígenas colombianas a través de sus lenguas, sus juegos y cantos tradicionales para la primera infancia.

Este texto es una colaboración de Melisa Restrepo Molina, Fundalectura

 
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