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Palabras justas II; relatos, crónicas y cuentos de reparación. Fundalectura (Colombia)

 

En el marco del cierre de la presente fase del programa restaurativo Palabras Justas, la Dirección de Atención y Tratamiento del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario INPEC, su Grupo de Reintegración y Fundalectura lanzan Palabras justas II; relatos, crónicas y cuentos de reparación, una publicación que recopila una selección de 65 escritos producto de los talleres de escritura con 208 internos postulados a la Ley de Justicia y Paz recluidos en once centros penitenciarios de Colombia.

Víctor Manuel Mejía, coordinador de Palabras Justas, comenta que este se inspira en el programa Libertad Bajo Palabra del escritor José Zuleta Ortiz, también director de Palabras Justas, y busca apoyar los procesos de reconocimiento y resocialización de la población de internos postulados a la Ley de Justicia y Paz, proveerles de un medio creativo de comunicación para que construyan nuevos lazos con la sociedad y se encaminen a una reincorporación efectiva a través de la palabra con talleres de escritura que en esta segunda fase, se centraron en experiencias de reconciliación.

Los textos del libro son variados en género, hay cuentos, reflexiones, testimonios, poemas, coplas; todos apuntan a sanar a través de la memoria, una re-escritura del pasado en la que se acepte, asuma y digiera realidades complejas que llevaron a decisiones erradas. Muchos de los textos humanizan a víctimas y a victimarios, reconociendo el dolor que ambas partes han sufrido y cómo los papeles muchas veces se confunden y se invierten. También hay relatos llenos de esperanza y fantasías de salvación como "Enamorado de una sirena” de Leonardo Sánchez Barbosa. Afirma Concepción Bernal, coordinadora de Reintegración del INPEC que, "la escritura de sus historias y sus experiencias de vida les permite a los internos reflexionar sobre sus propias acciones, les permite reconocer sus faltas y les permite pensar en la posibilidad de reparar el daño causado hacia sus víctimas”.

Los escritos de la publicación dan cuenta de cómo una porción importante de quienes se suman a las filas de la insurgencia no lo hacen por ideales sino por salvar a su familia, por escasez de mejores posibilidades en el campo: "De niño, a los 8 años, quise estudiar… pero no había escuelas; había armas y emboscadas, explosiones” cuenta Juan Antonio Ramírez en "Mi relato”. También está presente el odio y la sed de venganza, contextos en los que lo más cercano son las armas y la guerra y expectativas de una vida llena de aventura y poder: "me gustaba más un camuflado y un fusil que un cuaderno y un lápiz” relata Jorge Mayorga en "Reflexiones de un desmovilizado”.

Salen a flote también muchas de las realidades que ha tenido que afrontar el país en todo el proceso como son las fosas comunes y el reconocimiento de los cadáveres en "Historia de la muerte de un amigo” de Hugo Alberto Ortiz; los falsos positivos mencionados como "tres personas muertas, vestidas de camuflado” en "Las coordenadas de # 101” de Ruberney Ospina; los reclutamientos impuestos, los descuartizamientos, el desplazamiento forzado, la presencia de niños en la guerra, la crudeza de los entrenamientos y condiciones de vida adversas que impone el conflicto, entre otros.

No todos los textos resaltan el dolor, varios hablan del perdón y de un reencuentro con Dios y con prácticas religiosas que les dan la calma y esperanza necesarias, como en "El soldado que yo esperaba” de Leonardo Escobar. Otros hablan de hechos que los enorgullecen dentro de su historia como insurgentes, tal es el caso del Sargento Ciro Alfonso Trespalacios en "Padre, rece por mí” que relata cómo se reveló contra la orden de asesinar al cura de San Martín.

También hay historias que evidencian la construcción de proyectos de vida para asegurar una forma de subsistencia pacífica y armónica a futuro, para sí y para otros desmovilizados. Sobresale allí el caso de Kelly Osorio narrado en "Viviendo” y "Los sueños en cautiverio” en los que habla de convertirse en empresaria de confecciones con el proyecto "Trabajando unidos buscamos la paz para un mejor futuro” que ya ha adelantado desde la Reclusión de Mujeres de Bucaramanga.

En el Lanzamiento Alberto Sanabria, subdirector Legal y Financiero de Fundalectura, resaltó que el programa da luces esperanzadoras sobre cómo abordar el posconflicto de la mano del poder de la palabra, la lectura y la escritura, abriendo camino a la libertad de toda la sociedad colombiana. El INPEC entrega ejemplares del libro al Centro de Memoria Histórica, los centros penitenciarios, el Ministerio de Justicia, la Unidad de Víctimas, entre otras instituciones y entidades que trabajan el tema de la paz. Para consultar el libro es posible remitirse a la oficina de Reintegración del INPEC.

Adriana Marcela López, recluida en El Buen Pastor de Bogotá, fue la invitada especial en el lanzamiento y resaltó cómo gracias a los talleres ha podido plasmar algunos sentimientos que no habrían salido a flote sin la ayuda de las palabras. Citamos ahora un fragmento de la lectura que hizo de su relato "Madre”:

"No sé qué nos dolía más, si las espinas que a diario nos tocaba pisar o vencer el temor de ser un buen abono para aquellos campos llenos de historias que quizás muchos de nosotros no podrán contar. Sólo la naturaleza de aquellos hermosos lugares fue testigo de las lágrimas que muchos derramaron en la oscuridad, donde sólo contábamos con la luz de la luna para recorrer esos lugares. Donde nuestros mejores amigos eran el hambre, la oscuridad y muchas veces la lluvia que con anhelo esperábamos que cayera para refrescar nuestros labios y nutrir nuestro cuerpo, que por falta de líquido ya no se quería mover, había perdido su fuerza".
 

Fuente: Fundalectura

 
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