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-Lo que me interesa no es dibujar, eso es solo la herramienta, sino contar historias que todo el mundo, sea lector de cómic o no, entienda-

Émile Bravo (París, 1964) es uno de los guionistas e ilustradores más talentosos de su generación. Curtido en mil batallas junto a otros grandes nombres del cómic francés, el autor galo -hijo de emigrantes españoles-, ha retomado el universo Spirou con una obra maestra, La esperanza pese a todo, en la que aparecen todos los protagonistas habituales de esta veterana saga, la más antigua de cuantas siguen en activo en el cómic europeo.

Entre su larga producción destaca Mi Mamá (Ponent Mon), la serie Jules (Una asombrosa aventura de Jules - Ponent Mon) por la cual recibió el Premio Goscinny al Mejor Guionista Revelación en el Festival de Angoulême 2002; y otros muchos títulos de los que tuvimos el placer de hablar con él en esta entrevista.

En los 90 formaste parte del grupo de autores que lideraron la nouvelle bande dessinée junto a Blain, David B, Trondheim, Sfar, Tarrin, Satrapi... ¿Que recuerdos y experiencias te quedan de aquella época tanto en el Atelier Nawak como en el Atelier des Vosges? ¿Hay una comunicación constante entre toda esa generación de talentos?

Si claro, hemos crecido juntos. En esa época en la que nos conocimos empezábamos a publicar y teníamos la misma visión sobre lo que se hacía, sabíamos aquellas cosas por las que apostaban las editoriales. Laurent Chabosy, conocido por su pseudónimo Lewis Trondheim, había fundado La asociación, un proyecto que luego fue editorial y que se caracterizaba por su libertad.

Cuando ibas a ver a los editores en esa época querían un cierto dibujo, y solo te publicaban si estabas en la onda de esa línea gráfica. Cada editorial tenía una diferente pero más o menos apostaban por lo mismo, y encontrábamos que no había bastante libertad creativa. El hecho de estar juntos nos ha ayudado a todos y además da la casualidad de que cada uno de nosotros tenemos estilos muy diferentes. Éramos jóvenes y en ese momento es un poco la aventura, todos son grandes autores y tenían mil cosas que decir.

En algunas ocasiones la crítica no me situaba en esta nueva escuela porque yo trabajaba principalmente para los lectores infantiles, siempre he creído que son los lectores del futuro y que hay que cuidar ese grupo de edad ofreciéndoles productos de calidad. Siempre me ha gustado el reto de tratar de instalar en su imaginario una nueva forma de narrativa. Por momentos sentía que los periodistas que hablaban de aquel grupo a mi no me tomaban tan en serio porque trabajaba para los niños.

A lo largo del tiempo nos hemos apoyado los unos a los otros para avanzar porque estábamos y estamos seguros de lo que pensábamos y ante la adversidad vale más estar en grupito, juntos.

Tu estilo, de trazo limpio y expresivo, respeta los cánones de la línea clara, ¿que ha supuesto para ti tener la oportunidad de reinterpretar uno de los grandes iconos del cómic franco-belga, como es Spirou?
 
Si yo utilizo la línea clara es porque soy de los que creo, y es un hecho, que el dibujo en el cómic es solo una herramienta. Es como la letra. Tu escritura manual, si quieres que te lean, lo mejor es que sea clara. Por ejemplo la escritura de los médicos es dura, no se podría publicar un “libro de médicos” Yo no he inventado nada en mi dibujo, lo reinterpreto y utilizo un estilo que se ha creado ya, porque pienso que todo el mundo ha leído por lo menos un Tintín o al menos conoce ese tipo de dibujo sencilo y accesible.
 
A mi lo que me interesa no es dibujar, eso insisto es la herramienta, sino contar historias que todo el mundo entienda. La lectura del dibujo no puede ser nunca un problema. Mucha gente interprera la línea clara como si fuera una escuela gráfica, pero no es eso, es un dibujo al servicio de una historia. El dibujo debe ser suficientemente claro para que lo olvides y no pierdas tiempo intentando descifrar nada, todo esta muy claro y te permite sumergirte en la historia al 100 por 100.
 
Es como si te dan un libro construído con escritura gótica, no hemos crecido con ella y es difícil de leerla, nos pasaríamos mas tiempo descifrando cada letra, porque se parecen todas, que entendiendo la historia. Por desgracia mucha gente no sabe leer dibujos, porque este mundo se ha olvidado de enseñar e insistir esas cosas (en muchas ocasiones dejan de leer dibujos sobre los 10 años); y encontrramos adultos que cuando encuentran propuestas gráficas con muchas complicaciones, demasiado realistas o con muchas lineas cinéticas o tramas, no lo entienden. Se tienen que concentrar en exceso. Si tienes un dibuijo sencillo es más fácil entrar en la historia y por eso utilizo ese estilo.
 
Spirou es un personaje superpopular, he crecido con el, nunca pedí hacerlo, vino a buscarme. Estaban haciendo una colección de autor me comentaron "tienes carta blanca, si tienes algo que decir sobre ese personaje cuéntanos algo", y claro, tengo mucho porque es parte de mi infancia y adolescencia, como te decía he crecido con él.
 
A partir de las tres marionetas que me dan los editores, Spirou, Fantasio y la ardilla, yo he construído un teatro, intentando siempre responder a las preguntas e inquietudes que tenía yo a la edad a la que leía esas maravillosas historias. No entendia porque este chico estaba vestido de botones y nunca se le veía trabajando en el hotel, no entendia como podía tener una ardilla que pensaba cuando, en otros cómics, por ejemplo Marsupilami (otro animal del mismo “universo”); no tenía sus capacidades... Pensaba, ¿por qué uno piensa y otro no? Y no lo entendia, todo eso tenía que explicarlo ahora
 
Igualmente, ¿por qué no había chicas en el mundo Spirou? Si es un chico majo. Hay una chica que se llama Secuetine en el universo SPirou pero se nota que Spirou tiene un poco de distancia con ella y piensas ¿igual le ha pasado otra cosa, no que las chicas no le intersen, sino que su corazón está ocupado por otra chica? Así me he construido yo las historias, no me ha precopado el éxito o la popularidad deeste personaje, estamos hablando de comics, demasiado tenemos cosas en la vida como para tomarnos en serio los tebeos…
 
Tus incursiones anteriores en la colección Una aventura de Spirou y Fantasio por... datan, si no me equivoco, de hace una década. ¿Cómo ha sido retomar esta galería de personajes inmortales?

El editor, otra vez, tiene la culpa. La colección ha cambiado. Hace 10 años te pedían hacer un libro, cada autor era el responsable de ofrecer una única visión. Ahora no funciona así, la colección habla, como sabes, de "El Spirou de…" Diferentes autores habían diseñado historias para esta nueva línea y los editores me dijeron: "¿No querrás contarnos otro, Émile?"

La anterior propuesta tuvo mucho éxito y querían que volvierra a retomar a estos personajes. La primera, que ahora habéis podido leer en España, es una historia sobre el despertar de un niño, en ella he querido explicar cómo un botones que es un chaval se vuelve un aventurero humanista. Socialmente no existe, nadie lo considera, un niño que aguanta las puertas y maletas, socialmente está en lo más bajo de la escala, pero él consigue transformarse en un héroe humanista y aventurero.

He tratado de decir a los niños: no estais considerados en esta sociedad de momento y hay que ayudaros a desarrollar vuestro libre albedrío para ser como él. Narro el brusco despertar de un joven con el comienzo de la II Guerra Mundial. Tras ese despertar vamos a explicar como se construye su personalidad y al mismo tiempo narrar qué ha pasado en esa guerra, cómo la vivió la gente, cómo durante una experiencia tan traumática como fue la IIGM hubo gente que siguió "siendo humana"y no cayó en la "bestialidad" a pesar de lo que vivieron. Eso es Spirou, no son batallitas sino fragmentos, por momentos, de vida real.

Es muy interesante hablar de eso y enseñar a los niños que estos comportamientos humanos habrían salvado muchas vidas en aquel horror. Ese combate interior por contiuar "siendo humano" en los peores momentos y no ceder ante la barbarie es un mensaje para poder útil para copiar y que puedan mirarse siempre al espejo.

Creo que mucha gente en Bélgica, tal vez más que en Francia, fue así en aquel momento. Es un pequeño país que, como dicen ellos, aún es muy joven y no se toman demasiado en serio. No es un país con tanta historia como España o Francia, con ese pasado de grandeza y de luces. Bélgica es pequeñito, formado por dos grupos que se odian, los flamencos y los valones, con un rey que venía de Alemania que nadie sabía quien era, que siempre ha sido invadido, con un pasado colonial en África repleto de grandes horrores en la mochila... Ellos no pueden estar detrás de una bandera sino detrás de ellos mismos, de su humanidad.

Pero no están orgullosos de ello, muchos no han dicho nada de sus grandes comportamientos durante la IIGM, no se sabe, no han trascendido tanto como lo que sufrieron en otros países y que luego otros pudieron contar. La acción valiente/violenta contra el nazismo siempre genera un orgullo, pero los belgas lucharon en muchas ocasiones en silencio, los grandes héroes son lo que en esos terribles momentos han sido humanos siempre y han intentado guardar sus valores y virtudes, y es lo que cuento a grandes rasgos en la historia de Spirou. Además es un niño e intento mostrar cómo para sobrevivir tiene que aprender rápidamente a forjar una personalidad.

 
 
¿Qué procedimientos sigues habitualmente a la hora de crear tus trabajos? ¿Realizas tú mismo el entintado? ¿Te gusta realizar al completo el retoque digital sobre los originales? ¿Controlas todo el proceso de color final?
 
Sí, controlo todo. Es mi historia, no hago los colores, pero superviso el proceso al completo. Cuando escribo dibujo al mismo tiempo, es una "escritura dibujada" Se parece mucho al teatro. Juegas con los personajes, los vives, juegas con la escena, y tal y como la veo la dibujo rápidamente en papel. Aunque no me gusta la palabra para el comic es como un story board cinematográfico, en francés decimos que es como hacer découpage, una técnica decorativa con un montón de posibilidades. es recortar la página, ir pensando la trama, ves los personajes al mismo tiempo...
 
Hay una cosa que considero muy importante: hay que ser buen actor para ser buen dibujante de cómics. Piensas en las actitudes de los personajes, imaginas diálogos en tu cabeza, y tal y como lo piensas dibujas sus sentimientos, emociones, etc... en papel. Y así te salen mejor las expresiones, las caracterisiticas de los protagonistas. En literatura el proceso es igual, estás en la mente de cada uno entonces los diálogos fluyen. Juegas con tus muñecos y hablan entre ellos igual que cuando los niños juegan con sus figuritas. En mi caso lo hago en mi mente.
 
Lo realmente interesante para mi no es el dibujo, o pasar a tinta, sino crear la histora. El arte en el cómic, insisto, no es el dibujo, este son únicamente códigos. Utilizo una tipografía que la gente ya conoce, un tipo de línea gráfica que los lectores ya descifran fácilmente gracias a Tintín o Spirou. El arte está más en la creación y construcción de historias. Juzgar el cómic solo por el dibujo sería tan estúpido por nuestra parte como juzgar la literatura mirando solo la tipografía. No nos imaginamos diciendo a un crítico: “Oh qué bien escribe este hombre, que bonita la M, es tan bonita... ¿Y la S? qué maravilla, sin duda es un gran autor” Sería muy ignorante.
 
Si ocurre es porque la gente, ya lo he dicho antes pero insisto en ello, abandona el placer por leer dibujos muy pronto, por eso vuelvo a defender el cómic para los más pequeños, si los niños son más capaces de entender los códigos del comic, de adultos seguirán amando este lenguaje y sobre todo sabrán descifrar sus propiedades. Más allá de las ilustraciones si no hay historia buena no hay comic.
 
Cuando lo paso a tinta, lo comparo a cuando hacíamos redacciones en el cole, tenías tus bocetos, escribías tus ideas y al final había que copiar todo muy bien escrito para que el profe pudiera leerlo. Ahora estoy en la fase final, la de la publicación, pero la historia de todos los volúmenes de Spirou ya la tengo escrita (por desgracia, porque que es cuando más disfruto) Ahora estoy “pasando a limpio” para el profe, para que lo puedan leer los lectores en los diferentes tomos que están apareciendo. La verdad es que, si te soy sincero, no es la fase más excitante. La parte artística, cuando inventas, ya está pasada.
 
¿Cuál es el estado actual del cómic en Francia, país que reúne tanto talento por metro cuadrado en este campo? ¿Crees que están surgiendo nuevas tendencias temáticas-estilísticas?
 
Pues creo que el cómic va bien, está en un excelente momento, siempre ha ido bien. Salen mas títulos (más de 5.000 al año). Es cierto que siempre evoluciona y que cada, aproximadamente, cinco años hay algo nuevo o alguien que encuentra un nuevo modo de expresarse, pero lo importante es que ese nuevo dibujo sea creado al servicio de una historia, no merece la pena hacer algo super raro y novedoso si lo que cuentas no tiene interés.
 
Si hablamos del fondo de las historias, que es lo que más me interesa, a veces vemos nuevos proyectos muy interesantes a nivel gráfico pero vacíos, que no cuentan nada interesante. El cómic para mi, insisto, no es hacer eso. El cómic va bien porque vamos poco a poco entendiendo que hay que salir del mundo de los lectores del cómic, caso como un gueto. En Francia hay muchos que leen sólo tebeos y que pernecen a él, tantos que hacen funcionar de maravilla a una industria, tal vez 700.000 lectores, pero son pocos comparados con toda la gente que sabe leer.
Creo que vale la pena llegar a más públicos interesados en las buenas historias, más allá de ese grupo de lectores exclusivos. A veces salen cómics asi, universales, que no leen con voracidad únicamente en los países productores y lectores de cómic. Ahí está el futuro, si lo leen todos es porque son historias superintersantes, la gente lo disfruta sin darse cuenta de que está escrito con bocadillos y viñetas.  Pero esta es una pregunta para hablar mucho más rato aún, ¡son preguntas muy complicadas!
 
Has publicado algunas obras pensando especialmente en los pequeños lectores (por ejemplo Los siete osos enanos o Los siete osos enanos pasan hambre) A pesar de que poco a poco se ha ido incrementando la producción para este sector de edad, ¿crees que aún hay mucho camino por recorrer para seguir formando a los lectores del futuro?
 
Claro, queda mucho camino, hay que empezar a educar cuanto antes, hacerles historias a ellos que no solo les hablen a ellos sino también a sus padres y madres, que tengan diferentes niveles de lectura. Porque los niños cuando ven a sus padres reírse también, aunque no entiendan de qué, constituye un tesoro. Los pequeños disfrutan el doble si comprueban que sus papás y mamás también lo hacen con la misma historia, se construye una complicidad intergeneracional genial y necesaria, a mi modo de ver. Y es muy importante no hacer solo historias felices y optimistas, de tono simplón, los niños no son tontos y les gusta la ironía. El sentido del humor también se educa y hay que empezar pronto.  

 
 
Una de las obras que más impactaron en el público preadolescente, un sector de edad tan importante, hace unos años fue Mi mamá está en América y ha conocido a Buffalo Bill, (nos gustó especialmente en Canal Lector) ¿puedes hablarnos un poco de cómo fue el proceso de gestación y trabajo junto a Jean Renaud en aquel momento?
 
Él es un amigo de la adolescencia, nos conocemos de hace muchísimo tiempo. Comenzamos en el comic juntos, tenemos el mismo sentido del humor. Cuando comienzas a contar historias o a contar chistes es mejor tener a tu amigo al lado. Tú dices una tontería, él dice otra, nos reímos y así vamos construyendo la trama. Hemos hecho cuatro álbumes juntos. El desarrolló después su trabajo como periodista y yo empecé a crear series infantiles, cada uno hemos trabajado por nuestra cuenta y seguimos en contacto. Un día vino con un texto y me dijo: “mira he escrito esto, si te gusta me gustaría que lo ilustraras”. Por aquel entonces yo no sabíaa que había perdido a su madre cuando era pequeño y al leer me di cuenta de que hablaba de cómo se enteró de su muerte.
 
Al comprenderlo, y ver cómo lo había convertido en una historia fantástica, me emocionó. Conmovido incluso le dije: “Mira, no puedo ilustrar esto, es demasiado fuerte y conozco a toda la gente que aparece en el argumento, tus abuelos, la chica que cuidaba de ti cuando eras pequeño, tus hermanos… Tiene que hacerlo un gran ilustrador que tenga más distancia contigo”; y él me decía: “Tú lo eres y justamente lo tienes que hacer porque conoces a todos”.
 
La historia está escrita por él porque es su vida realmente, es muy impactante porque a él le ha llevado 30 años escribirla, todo este tiempo pensó en como exponerla, como decir todo lo que llevaba dentro.
 
Mucha gente lo lee y dice “¡es muy triste!”. Si dices eso es que no lo has leído bien. No es triste. Él cuenta de forma maravillosa como los adultos, para proteger a los niños, mienten. El dolor no es solo algo terrible, es lo que te forma en la vida, y si no lo descubren porque los adultos lo ocultan, serán los propios niños los que lo harán y te lo dirán a su modo.
 
En vez de contarnos historias como Papa Noel, que hacen más ilusión a los padres que a ellos, deberíamos hacer otras cosas. El día que te cuentan que no existe es terrible. Igual pasa con la religión. No hay que ser tampoco cruel pero la vida es la vida y hay que contarla sin tapujos. La historia por tanto trata de los bulos tanto en el mundo adulto como en el infantil.
 
En Lección de pesca, otra pequeña joya, apuestas por un formato que fusiona el álbum ilustrado, el cuento tradicional y el cómic. ¿Crees que en la mezcla de géneros o formatos está el futuro de la ilustración para todas las edades? ¿Te gusta experimentar en la narración gráfica?

Si, pero todo es lo mismo al final, es escritura gráfica. En ese libro hay cómic, cuando hay diálogos, y de vez en cuando cuento algo solo con una ilustración porque el dibujo tiene valor por sí mismo. Es una estructura que tampoco nació de un planteamiento anterior, salió así porque seguí una secuencia lógica, no lo hice para llamar la atención, para mi es lo más adecuado para esa historia pensando en ella no como artista sino como lector. Mezclé códigos por eso. Pensé "voy a intentar contar una historia, no varias, porque me apetece leer algo divertido". No lo hice buscando nuevas experiencias, era un proceso lógico para mi.

La esperanza pese a todo

BRAVO, Émile. Trad. Lorenzo Díaz

Madrid: Dibbuks, 2019

Los amantes de la línea clara y añorantes de los mejores años de la producción franco-belga están de enhorabuena. Émile Bravo ya había cautivado al público con varias propuestas muy sugerentes, aparte de su aplaudida reflexión sobre el génesis del universo Spirou hace una década, por las que ha sido reconocido con el Premio Goscinny al Mejor Guionista Revelación en el Festival de Angoulême de 2002, templo de los amantes del cómic. En el inicio de esta ambiciosa tetralogía nos demuestra que ha sabido extraer como nadie la esencia de tantas aventuras inolvidables con una “vuelta de tuerca” a las andanzas de los personajes, incidiendo de nuevo en la búsqueda de sus orígenes y reflejando la miseria y el terror que reinaban en el ambiente en los comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Un escenario, Bruselas a punto de ser sometida al imperio nazi, que sirve para mostrar lo mejor y lo peor de los seres humanos. Hay personajes solidarios, que se juegan el tipo por los demás; y siniestros, que no dudan en alinearse del lado de los alemanes para salvar su vida o ignorar el asedio de las tropas del Eje. Pero, ¿y nuestros amigos? ¿Seguirán fieles a sus principios e ideales? Entre guiños y evidentes homenajes a Tintín o a películas memorables como Encadenados (esa incursión en la bodega del hotel); los protagonistas transitan cercanos a la frontera con Francia, punto de fuga de la barbarie en la que se encuentran con desagradables sorpresas, hallazgos que paradójicamente engarzan con situaciones que otros desplazados viven en la Europa actual y a los que el autor homenajea. Hay aventuras de boy scouts, pequeñas dosis de amor preadolescente, actos heroicos, misterios… Una magistral reivindicación de la serie, más viva que nunca gracias a esta “tragicomedia humanista” que gustará tanto a aficionados al cómic como a neófitos en este género.

Reseñas de otras obras de Émile Bravo en Canal Lector

Gracias especiales a Teresa y Esther, de Dibbuks, por la grabación durante la estancia en Madrid de Émile en octubre de 2019.
Transcripción: L. S.  

 
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