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La soledad de los peces
Los peces conviven en su mundo submarino de forma aséptica, sin tocarse ni establecer los lazos característicos de los humanos. A partir de esta poderosa metáfora, la escritora María José Ferrada, una de las nominadas al prestigioso Astrid Lindgren Memorial Award 2026, construye un relato en el que realza la importancia de aceptar la soledad, de forma natural, como algo inherente a la vida cotidiana, incluso en momentos en los que estemos acompañados. El medio acuático constituye el espacio simbólico básico que acoge, pero también separa, que fluye, pero solo permite avanzar con lentitud, cadencia a la que la autora se adapta con un poema en el que tiene tanta importancia el texto como los silencios, pausas que permiten el respiro de los sentimientos que exhalan. Los lectores con mayor bagaje pueden percibir un ecosistema en el que falla la comunicación, poblado de gestos pequeños que no siempre son exitosos. Un concepto que refuerza la idea de que la soledad no siempre proviene de la ausencia, sino de la imposibilidad de coincidir plenamente con el otro. Mariana Alcántara potencia la belleza de los textos con ilustraciones concebidas bajo una reducida paleta de colores, con carboncillo, retoque digital e imaginativas analogías entre arquitecturas y objetos cotidianos (esos edificios-cafetera); tejidos, habitantes del mar y recorridos trenzados con hilos rojos que riman con los seres anfibios que trazan el sendero.
Los peces conviven en su mundo submarino de forma aséptica, sin tocarse ni establecer los lazos característicos de los humanos. A partir de esta poderosa metáfora, la escritora María José Ferrada, una de las nominadas al prestigioso Astrid Lindgren Memorial Award 2026, construye un relato en el que realza la importancia de aceptar la soledad, de forma natural, como algo inherente a la vida cotidiana, incluso en momentos en los que estemos acompañados. El medio acuático constituye el espacio simbólico... Seguir leyendo
La soledad de los peces
Despierto. Desenredo las estrellas que por la noche crecieron en mi cabeza. Me visto, desayuno, lavo mis dientes y comienzo con la construcción de la ciudad.
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