Considerada una de las más importantes narraciones épicas de la historia, los autores trasladan la esencia del original, desglosando sus contenidos en varios apartados (una sugerente presentación, prólogo y "brújula" para transitar con ciertas certezas por el campo de batalla, además de un índice de protagonistas); que complementan la historia y facilitan su comprensión por parte de los lectores de hoy. En dobles páginas, Arnal Ballester enriquece la narración (ya de por sí con una enjundia y sabor propios incuestionables); a través de una colección de ilustraciones a doble página en donde se hace evidente, una vez más, su maestría y ese estilo inconfundible que capta a la perfección toda la intensidad de la epopeya, una crónica de más de cincuenta días en torno a los últimos lances de la guerra de Troya, espacio de tiempo jalonado de batallas y hazañas increíbles protagonizadas por héroes legendarios, apasionantes historias de amor, tormentas familiares… Toda una joya de la literatura cuyos matices ahora también pueden disfrutar los preadolescentes y que puede dar pie a suculentos debates o tertulias en el ámbito familiar o escolar. Siempre es un placer absoluto regresar a clásicos como este cuando la edición acompaña...
Considerada una de las más importantes narraciones épicas de la historia, los autores trasladan la esencia del original, desglosando sus contenidos en varios apartados (una sugerente presentación, prólogo y "brújula" para transitar con ciertas certezas por el campo de batalla, además de un índice de protagonistas); que complementan la historia y facilitan su comprensión por parte de los lectores de hoy. En dobles páginas, Arnal Ballester enriquece la narración (ya de por... Seguir leyendo
La Ilíada

¡La cólera! Canta, diosa, la cólera de Aquiles, hijo de Peleo, aquella cólera destructora que causó tantos males a los griegos, lanzó a tantos héroes fuertes al Mundo de los Muertos y convirtió sus cuerpos en presa de perros y aves de rapiña. Ayúdame, Musa, pues yo no podría contar todo lo que sucedió entonces, ni aunque tuviera diez lenguas, diez bocas y un corazón de bronce infatigable.