La pareja de autores chilenos recoge con sensibilidad y talento un ejemplo representativo de la dolorosa normalidad que imperaba en algunas factorías del país sudamericano en el primer tercio del siglo XX. El trabajo infantil era habitual en lugares como la Fábrica Nacional de Vidrios, donde el 30% de los trabajadores eran menores de edad. Ellos eran los encargados tanto de tareas menores como, en algunos casos, de aprender oficios más complejos (como el que da título al libro); aleccionados por otros obreros adultos. Curtidos en una ingrata realidad cotidiana, fueron los artífices de un insólito sindicato, el primero de la historia de este tipo, que aglutinó a pequeños de todas las edades. Afiliados a la Federación Obrera de Chile, protagonizaron algunas protestas como la que sirve de hilo conductor en el relato, refrendada con un retrato verídico, extraído del diario La Nación (febrero de 1925), y que se incluye en las últimas páginas. A través de las vivencias y andanzas cotidianas de una niña y un niño, rescatamos expresiones procedentes del folclore y de la cultura popular de aquel país, comprendemos la situación de pobreza a la que tuvieron que hacer frente junto a sus familias, y nos acercamos a un momento histórico y disruptor que supuso un hito en la historia social de América. El cuento está bañado en una certera crítica social y pone en valor la crucial importancia de la educación y la enseñanza libre y universal para todos los menores independientemente de su condición .
La pareja de autores chilenos recoge con sensibilidad y talento un ejemplo representativo de la dolorosa normalidad que imperaba en algunas factorías del país sudamericano en el primer tercio del siglo XX. El trabajo infantil era habitual en lugares como la Fábrica Nacional de Vidrios, donde el 30% de los trabajadores eran menores de edad. Ellos eran los encargados tanto de tareas menores como, en algunos casos, de aprender oficios más complejos (como el que da título al libro); aleccionados por otros obreros adultos.... Seguir leyendo
Los pequeños cristaleros

Se estima que alrededor de 1925 casi setecientos niños y niñas trabajaban en la industria de la alfarería, cerámica y vidrios en Chile. A todos ellos está dedicado este libro.
Apenas asomaban los primeros rayos de sol, el gallo de los vecinos comienzaba a cantar. Yo no quería despertar, pero enseguida sentía el olor a pan tostado y a leche caliente.
Y la voz de la mamá.