Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo

Era el mes de septiembre cuando un hombre dejó que su barco fuese arrastrado por las olas hasta un banco de arena, donde lo amarró. O quizá fuese ya octubre, y el lugar, una lengua de tierra que se adentraba profundamente en el mar. El caso es que estaba completamente oscuro y reinaba una calma absoluta. Sólo a la hierba de las dunas parecía no importarle aquello y se doblaba como cuando hay tormenta.