Durante mucho tiempo pensé que la ilustración de libros infantiles no era un trabajo para mí. Cuando supe que podía disfrutar tanto o más que dibujando para los adultos me lo repensé y confirmé mis sospechas sobre la naturaleza "demoníaca" de los más pequeños. Para mí los niños son demonios, porque trabajas intentando sorprenderlos pero siempre son ellos quienes te sorprenden a ti, y sin hacer nada, simplemente siendo como son. Y claro, cada vez que me sorprenden me están enseñando algo, hacen mi trabajo ¡y gratis! Una vez conocida esta realidad aplastante sólo queda echar cuentas: vivo haciendo lo que me gusta, siempre estoy aprendiendo pero seguro que ellos también..., en fin, salgo ganando ¿no?
(1974, Terrasa, Barcelona)