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Uno de los principales obstáculos para la supervivencia de determinadas actividades bibliotecarias o para conocer las recomendaciones que pueden hacer los profesionales que desempeñan su labor en estos espacios culturales es la dificultad para fidelizar a los lectores por su discontinua presencia. A menudo existen impedimentos para acudir, ya sea por situación geográfica, agenda personal o de trabajo demasiado ocupada, limitaciones físicas…
El siglo XXI ha traído consigo herramientas sencillas y atractivas para paliar este problema de forma virtual, plataformas que albergan dinámicas similares y de gran éxito (Goodreads o, en menor medida, las iniciativas lanzadas desde los creadores de Tumblr o Anobii…); orientadas a todo tipo de públicos y de forma global.
Desde un club de lectura tradicional u otro tipo de reunión social en torno a la lectura, podemos apostar por construir nuestro propio site a través del que realicemos sugerencias lectoras y los participantes puedan aportar sus opiniones sin necesidad de asistir de forma presencial. Nos centramos en dos herramientas gratuitas y disponibles en la red, una muy popular y de largo recorrido (pero que conviene recordar), Wordpress; y la anteriormente citada Tumblr, que de forma silenciosa siempre se cuela en el Top 10 de redes sociales más utilizadas a nivel mundial.
En ambos casos, las plataformas permiten escribir entradas en las que se pueden incluir textos, imágenes, vídeos, gifs animados, citas, programar nuestros escritos –para que siempre esté actualizado- e incluso “rebloguear” contenidos de otros lectores, autores, ilustradores o editores a los que sigamos… La dinámica puede seguir una doble vía:
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Establecer un día a la semana o al mes para que todo el que quiera participe en una discusión (en este caso se puede habilitar alguna vía complementaria como una conversación a través de Skype, Hangouts de Google o simplemente compartir las opiniones mediante los comentarios a cada post)
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No delimitar la fecha de interacción, permitiendo a los miembros que opinen cuando quieran, también a través de los comentarios o mediante un sistema de chat integrado en alguna red social (por ejemplo Facebook), e incluso mediante Twitter o Instagram. En estos casos es necesario habilitar un hashtag que permita recuperar todas las opiniones generadas sobre el tema.
Frente a los resortes tradicionales de una biblioteca, las recomendaciones o las reuniones virtuales aportan matices que van mucho más alla de la confrontación de opiniones. La opción ideal es que este tipo de dinámicas sirva como complemento de los encuentros presenciales, más que como vía única. Pero cuando esto no es posible, podemos disfrutar de una actividad divertida y sugerente siempre y cuando mantengamos actualizada la vía de comunicación y los cibernautas encuentren feedback permanente a sus opiniones (que sientan que la web está viva y que se les escucha y lee)

Para garantizar mayor atractivo además es recomendable:
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Plataforma elegida basada en el atractivo visual. Textos cortos y de fácil consumo.
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Identificación de prosumers. Es necesario contar con el apoyo de lectores a los que les gusta crear contenidos y no solo leer los que generan los demás miembros.
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Implicación total del moderador. Hay que tener en cuenta que los comentarios pueden generarse en cualquier momento y que los participantes desearán que sus dudas sean respondidas lo más pronto posible, en la mayoría de los casos. Si una web o plataforma no está activa, está “muerta” y carece de interés.
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Aunque es más difícil que los componentes traben amistad entre ellos, debemos estar atentos a la línea de actuación y estilo de los usuarios, propiciando diálogos entre aquellos que parecen tener más afinidad e invitándoles a que se pongan en contacto de forma privada.
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Para facilitar que cualquier persona acceda a todos los contenidos e intervenga, la plataforma debe ser sencilla, intuitiva y adaptada para que no revista dificultad y permita interactuar a gente de cualquier edad, independientemente de sus habilidades digitales.
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Construir un jugoso material complementario (una sección en la que se puedan ver fragmentos de entrevistas con autor, trailers de adaptaciones cinematográficas, artículos relacionados, curiosidades, enlaces a comunidades en redes sociales en torno al género, obra, escritor…)
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Lanzar de forma gradual retos literarios, cuanto más imaginativos mejor, como el que se detalla en la imagen, para mantener viva la llama del club incluso en temporadas en las que no hay una lectura grupal en activo.
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Facilitar la escritura de comentarios (no poner demasiadas trabas u obstáculos, aunque estas garanticen una mayor seguridad –como los captchas-); y establecer un correo electrónico (siempre visible en la web), al que puedan dirigirse para solventar dudas. En caso de tener posibilidad también es interesante ofrecer un número de whatsapp.
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Sugerir un lugar donde se pueden adquirir o llevar en préstamo las obras que se recomiendan en cada ciudad o pueblo del que proceden los participantes (para ello deben identificarse debidamente bien a través de una ficha que diseñemos para la ocasión, de forma pública o privada, exclusivamente a través del coordinador de la actividad).
Existen numerosos y exitosos casos de este tipo de prácticas, sobre todo en lo que se refiere a los clubes de lectura, nacidos en la geografía española. Tal es el caso de los clubes virtuales adscritos a la red de B.M. A Coruña, los organizados por el Instituto Cervantes, las Bibliotecas de la Comunidad de Madrid, las B.P. Castilla-La Mancha, las B.M. Córdoba o los experimentos llevados a cabo por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez a través de su club juvenil o en el marco del proyecto realizado junto a las Bibliotecas de Castilla y León, la plataforma eBiblio, la Junta de Castilla y León y Mares Virtuales, y por el que han pasado autores como Luis García Jambrina o Gustavo Martín Garzo.
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