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Concha López Narváez nació en Sanlúcar la Mayor (Sevilla), un 27 de agosto de 1939. Cursó estudios de Historia en la Universidad de Sevilla entre 1958 y 1962, licenciándose en la especialidad de Historia de América. Posteriormente ejerció como profesora de ESO impartiendo clases de Geografía, Historia, Literatura y Filosofía en diversos institutos de Andalucía, a la vez que desarrollaba su carrera literaria, claramente influida por esa vocación de investigadora (dedicó varios años a explorar el Archivo de Indias, una joya para visitar en la ciudad hispalense).
Desde 1983 se dedicaba a tiempo completo a la escritura, especialmente de obras orientadas al público infantil y juvenil, territorio en el que ha publicado títulos encuadrados en todo tipo de géneros. En muchos de ellos implicó a su familia (su marido, Carmelo Salmerón, ingeniero de telecomunicaciones de formación, se inició en la LIJ de su mano, y lo que comenzó siendo una afición se transformó en profesión; y uno de sus hijos, Rafael Salmerón, comenzó a publicar en 1994 como ilustrador y desde 2001 dedica la mayor parte de su tiempo a escribir sus propias historias); constituyendo una de las sagas más queridas del subsector.
Foto: Colegio bilingüe Khalil Gibran
Desde 1987 hasta 1990 fue presidenta de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil y vicepresidenta de la OEPLI (Sección Española del IBBY). Ha obtenido premios tan importantes como el Lazarillo (en 1985 por El amigo oculto y los espíritus de la tarde) o el Cervantes Chico (1996), con el que se reconoció su larga y prolífica carrera. Además, fue finalista del Andersen y perteneció a la Lista de Honor del IBBY.
Títulos como El amigo oculto, El último gol, El silencio del asesino, El visitante de la madrugada, o las primigenias La tierra del sol y la luna y Memorias de una gallina, entre otras muchas, ya son historia viva de la literatura infantil y juvenil por diversos motivos. También se atrevió con adaptaciones de clásicos, como la que realizó de Don Quijote, prologada por Ana María Matute, o de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez.
La Fundación Germán Sánchez Ruipérez la reconoce como una voz esencial, y se han incluido sus obras, habitualmente, en diversas guías de lectura, catálogos y proyectos de animación lectora desde los tiempos del Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil, que fue sede de esta entidad en Salamanca. La autora nos dejó el pasado 22 de junio a los 86 años.
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