Entrevista con el ilustrador Pablo Auladell
Conocemos un poco más de cerca a Pablo Auladell, ilustrador e historietista alicantino, ganador de múltiples reconocimientos en el campo del álbum y uno de los más destacados artistas de su generación, que el año pasado obtuvo el Premio Nacional de Cómic por El Paraíso perdido (Sexto Piso)
Todos los aficionados a la Literatura Infantil y Juvenil y al cómic conocen la obra y el estilo inconfundible de Pablo Auladell, un artista alicantino que ya ha obtenido todo tipo de reconocimentos tanto en el campo del álbum ilustrado como en el del noveno arte.
¿Dónde surge la vocación de Pablo Auladell? ¿Empezó en los márgenes de los libros de texto en el colegio, como otros? ¿Haciendo cómics?
La vocación siempre estuvo latente y bastó seguramente la primera caja de Alpino o plastidecor para ponerla en marcha. Sí que recuerdo claramente sentir dos fascinaciones, por los dibujos y por el sonido y el misterio de la palabra en los títulos de los libros de la pequeña biblioteca de mi hermano. Por supuesto, también dibujaba en los márgenes y les hice tebeos de Mazinger Z a mis compañeros de clase.
¿Quiénes fueron tus máximas influencias durante la niñez y adolescencia (escritores e ilustradores)? ¿Tuvo el cine también algo de "culpa" para convertirte en ilustrador y dibujante de historias?
Siempre quise ser Giraud y dibujar como él. El teniente Blueberry, los apaches...
No he sido muy cinéfilo. De hecho, diría que no tengo influencias cinematográficas; conscientes, al menos. Sé que entre la mayoría de los ilustradores sucede lo contrario. Pero yo vengo del libro, de la literatura. Todos mis referentes son literarios.
¿Cuál es tu forma de trabajo habitual? ¿En qué técnica te sientes más a gusto? ¿Te gusta experimentar nuevas herramientas? ¿Es absolutamente necesario el retoque digital final hoy en día?
La respuesta a todo eso ocuparía bastante espacio, pero se podría resumir en que trabajo siempre teniendo muy presente la historia y las características, digamos, técnicas, del libro que se publicará. En ese sentido, construyo un protocolo de técnica, procesos y experimentaciones para el libro en cuestión. Normalmente, utilizo herramientas muy sencillas: grafito, algunos pasteles... y me gusta que un dibujo parezca un dibujo, es decir, huyo de acabados relamidos, tridimensionales o fotográficos.
Has trabajado en el mundo del cómic y del álbum ilustrado, en ambos casos con gran éxito tanto de público como de crítica, de hecho has obtenido algunos de los premios más importantes en los dos campos pero como lector ¿en cuál te iniciaste primero?
Como lector, en el cómic, en el tebeo de kiosco después de misa. En Alicante, en el barrio donde vivía, en el colegio donde estudiaba, con los amigos con los que me relacionaba, apenas tuve contacto con álbumes ilustrados. Recuerdo, como entre brumas, haber tenido en las manos, quizá en la biblioteca del colegio, algo de Asun Balzola (y por supuesto sé ahora que aquello era de Asun Balzola).
Sin embargo, he tenido siempre rondando en la cabeza, a fogonazos, el recuerdo de unos dibujos que me gustaban mucho, que me llenaban de alegría. Unos dibujos de unos niños en bicicleta, con camisas a rayas, una especie de pandilla, que aparecían en unos libros del parvulario y que tengo asociados a mañanas con sol en los pupitres y columpios. No he podido encontrar nunca esos libros. Pablo Amargo me dijo que quizá se trate de unas ilustraciones de Miguel Ángel Pacheco. Algunas veces, pienso que me hubiera gustado dibujar algo parecido a aquello, la frescura de aquellos personajes, su algarabía rubia.
Creemos que el álbum ilustrado es un excelente medio para llegar a todo tipo de públicos, existen algunas propuestas orientadas, teóricamente, para el lector infantil pero que en realidad solo pueden ser disfrutadas por lectores con mayor bagaje. A la hora de iniciar un nuevo proyecto, ¿piensas en el público al que quieres dirigir la historia?
Sí, pero no para agradarles, no para impostar la voz. Pienso en el lector como en una característica más del libro, igual que pienso en el formato o en la imprenta. Pero las claves para hacer el trabajo me las da sobre todo el texto.
¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar codo con codo con otro ilustrador de renombre como Javier Sáez Castán, en este caso como guionista en Dorothy (A buen paso, 2017)?
Pues supone el gozo de trabajar con un texto de extraordinaria calidad, inteligente, bien escrito, lleno de matices, de ironía. Eso no es lo habitual desde que los valores y la pedagogía se expandieron por la literatura infanto-juvenil en vez de limitarse a actuar en el campo de la enseñanza o la intervención psicopedagógica.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Estoy trabajando en un par de cómics que se quedaron aparcados durante los años que me ocupó la realización de El Paraíso perdido y en un nuevo álbum ilustrado.