Pedro Mañas te invita a descubrir estas 5 obras
El autor madrileño, ganador de premios tan emblemáticos como El Barco de Vapor, el Premio Anaya de LIJ, Ciudad de Orihuela, Ciudad de Málaga e incluido en el listado White Ravens 2018 de la Internationale Jugendbibliothek de Alemania, echa la vista atrás para compartir recuerdos literarios y lecturas que marcaron su infancia y adolescencia


Comienzo con La nariz de Moritz, de Mira Lobe, una novela deliciosa que seduce por el modo tan natural en el que se funden lo cotidiano y lo fantástico. La extraordinaria enfermedad del protagonista (que le permite olerlo todo, hasta los sentimientos) sirve como excusa para hablar de la complejidad del alma infantil, de la soledad de los adultos… y de cómo niños y mayores pueden forjar una amistad profunda y enriquecedora. Es un tema que sin duda me inspiró para mi "Apestoso tío Muffin".
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El hada acaramelada de Gloria Fuertes
Ilustraciones: Julio Álvarez
Madrid: Editorial Escuela Española
El primer libro de poesía que recuerdo y el que acostumbró mi oído al verso, al sentido lúdico de las palabras, a la repetición y hasta a lo absurdo: no todo tenía que tener lógica ni mensaje, ni principio ni final para resultar divertido. Y, sobre todo, fue uno de los libros con los que me acostumbré a leer en voz alta, cosa que sigo haciendo a menudo, incluso con la narrativa. Me alegró mucho la reivindicación que se hizo de Gloria Fuertes al cumplirse los cien años de su nacimiento. Mención aparte merecen las expresivas y maravillosas ilustraciones de Julio Álvarez de la edición que yo manejaba.

Hay un chico en el baño de las chicas de Louis Sachar
Ilustrado por Puño. Traducción: Paz Barroso
Boadilla del Monte (Madrid): SM
Este cayó en mis manos siendo ya adulto, y sin embargo supuso un cambio en mi modo de concebir la narrativa “Middle Grade” (libros para lectores de entre 8 y 12 años). El modo en que Louis Sachar aborda un tema delicado como el acoso y la exclusión desde el humor me sorprendió y hasta diría que me abrió los ojos. Me di cuenta de que era posible escribir para niños con delicadeza y sensibilidad sin perder la frescura, transmitir un mensaje sin ser cursi, tratar un tema universal sin renunciar a la originalidad y, para colmo, elegir como protagonista a un villano y terminar cogiéndole cariño. “Así quiero llegar a escribir yo”, pensé al terminarlo.

El pequeño vampiro de Angela Sommer-Bodenburg
Ilustrado por Amelie Glienke. Traducción: Amalia Bermejo
Madrid: Alfaguara
Mi colección favorita, al menos durante gran parte de mi niñez. Vista desde la distancia, quizá lo que más me fascinaba era la constante sensación de riesgo, de que cada nueva página me acercaba más a los límites de algo prohibido y peligroso, igual que le sucedía al protagonista. Los vampiros de Angela Sommer-Bodenburg no eran caricaturas edulcoradas sino auténticas criaturas de la noche, y la amistad que Anton Bohnsack trababa con ellos a escondidas de sus padres le ponía siempre al borde de la catástrofe. Una serie provocadora y moralmente ambigua que hacía lo que muchos libros no consiguen: suscitar preguntas en lugar de dar respuestas.

La encrucijada de Montserrat del Amo
Boadilla del Monte (Madrid): SM
Creo que no es muy conocida, pero esta sencilla novela me pareció una joya y un gran ejemplo de lo que puede llegar a ser la literatura juvenil. Sin necesidad de grandes artificios, de pasiones desbordadas o espectaculares giros de guion, Montserrat del Amo logra tejer una trama sólida intercalada con preciosos cuentos que completan el sentido de la historia: la de un joven universitario que realiza un viaje de iniciación durante el que se enfrentará por primera vez a grandes cuestiones que plantea el tránsito a la madurez: la identidad, el amor, el compromiso con tus ideales o la necesidad de pertenencia al grupo.