¿Cómo acceder hoy a la información? (Primera parte)
Con las nuevas tecnologías, todo el mundo puede difundir sus ideas, pero estas pueden ser erróneas o directamente mentira. Hay que ser un lector crítico y valorar los datos que se ofrecen. Este artículo ofrece una serie de pautas de lectura crítica que facilitarán la habilidad de leer entre líneas, saber retratar al autor, identificar el género discursivo, comprobar la conexión con otros textos y valorar la credibilidad del mismo. Son todos requisitos imprescindibles para que la información pueda transformarse en conocimiento.
El lector crítico
La información ha cambiado de estatus en el mundo plural, democrático y globalizado en el que vivimos. La libertad de expresión y el desarrollo tecnológico han favorecido que cualquiera pueda difundir sus puntos de vista a través de la red (webs, blogs, foros, chats). Hoy todos accedemos a infinidad de discursos procedentes de cualquier parte del planeta, escritos por hombres y mujeres de distinta cultura, raza, religión, condición social e ideología. Difundir nuestras ideas es más barato, rápido y libre que nunca. Pero la contrapartida es que todos estamos expuestos a esa gran variedad, a la diversidad de puntos de vista y enfoques e incluso a las imprecisiones, los errores y las mentiras.
Actualmente el problema no es acceder a los textos o encontrar datos, con un par de clics se consiguen miles de informaciones. El problema es valorar y seleccionar esas informaciones y convertirlas en conocimiento, o sea, darle significado y valor a cada dato obtenido, según el contexto en el que vivamos y lo que busquemos.
Por ejemplo, si buscamos información sobre anorexia en la red, hallaremos miles de páginas escritas por médicos, enfermos, familiares, políticos o publicistas, que describen la enfermedad, explican su experiencia personal, alertan a la población o venden productos dietéticos. Incluso en el caso de que esas páginas no tuvieran errores e informaran de lo mismo, su significado y credibilidad sería distinto según el propósito con que las leyéramos: para conocer los síntomas de la enfermedad o las campañas políticas, para buscar medicamentos, para avisar a nuestros hijos, para aprender sobre este tema, etc. Ahora ya no basta con comprender el contenido de una página (o de cualquier texto): necesitamos tener muy claro lo que estamos buscando y por qué, además de descubrir quién escribió lo que estamos leyendo, para qué y qué credibilidad tiene.
Quizás la denominación que sintetiza mejor las características que debe tener este lector contemporáneo, que vive en un mundo tan abierto, interesante y peligroso, capaz de construir conocimiento con lo que lee, sea la de lector crítico. Se trata del lector que es consciente de esta situación, que sabe valorar cualquier dato y que es capaz de recuperar la ideología o el punto de vista desde el que se ha formulado. Esta tabla esboza algunos rasgos de ese lector:
| El lector acrítico | El lector crítico |
|
|
En lo que sigue voy a ofrecer algunas pistas para adoptar una actitud más crítica al leer, de acuerdo con el perfil de la columna derecha. Presentaré nueve técnicas de lectura, procedentes del análisis del discurso (Charaudeau y Maingueneau, ed. 2005; Calsamiglia y Tusón, 2007), que permiten desentrañar los secretos de un texto. En parte me basaré en los planteamientos de mi libro Tras las líneas (Cassany, 2005).
Este texto es una colaboración de Daniel Cassany