Un breve texto teatral, concebido no a la manera tradicional sino como rica prosa susceptible de ser representada en escena, en una doble versión en español y valenciano (el autor alterna la escritura en ambos idiomas de manera natural desde 2011). El retrato de Joseph Nicéphore Niépce, considerado el inventor de la fotografía, sirve como frontera entre ambas opciones, reivindicando el descubrimiento crucial del físico y litógrafo: una captura desde la ventana de su aldea, en la primavera de 1826, constituye la primera instantánea de la historia y el punto de origen del relato. Con más de veinticinco años de experiencia en las artes escénicas, reconocimiento en el sector (fue Premio de Teatro de SGAE); y creador de compañías como Teatre Corrent, Romeu vuelca su bagaje y experiencia con gran sensibilidad para retratar (y nunca mejor dicho), de manera original, el contexto que dio pie a ese hallazgo histórico. La invención de la cámara oscura subyace en las vivencias de Lucie, pequeña observadora y soñadora, a partes iguales, que simboliza la inherente curiosidad infantil. Al fusionar hechos reales con otros ficticios, genera en el lector curiosidad y sorpresa, y permite reciclar la mirada, al mismo tiempo que describe con acierto la vida rural y el poder de la imaginación para transformar cualquier existencia. Esta edición de ASSITEJ es atractiva tanto para disfrutar como una lectura sosegada como para ser llevada a las tablas, y resulta muy interesante para trabajar en el ámbito escolar por los temas e hitos que aborda.
Un breve texto teatral, concebido no a la manera tradicional sino como rica prosa susceptible de ser representada en escena, en una doble versión en español y valenciano (el autor alterna la escritura en ambos idiomas de manera natural desde 2011). El retrato de Joseph Nicéphore Niépce, considerado el inventor de la fotografía, sirve como frontera entre ambas opciones, reivindicando el descubrimiento crucial del físico y litógrafo: una captura desde la ventana de su aldea, en la primavera de 1826,... Seguir leyendo
Sueño (1826)

En la penumbra se adivina el salón, amplio y lujoso, pero sobrio al mismo tiempo. No hay muebles, al menos en la zona que muestra el escenario. Al fondo, a través de tres enormes ventanales, vemos el cielo que comienza a teñirse de un tono anaranjado: sin duda, pronto amanecerá.