Cuatro cuentos de ciudad

Antes, al salir del colegio, todos los chicos cruzaban por el parque. Se entretenían jugando allí un buen rato en los viejos columpios y en la vieja fuente. Ricardo lo sabía muy bien: era él el encargado de recoger los restos de bocadillos, los envoltorios de los bollos, las bolsas de las pipas y, de vez en cuando, alguna cartera olvidada, llena de libros y de deberes sin hacer.