5 historias y estilos que marcaron como lector y escritor a Ricardo Gómez Gil
El autor, segoviano de nacimiento, madrileño de adopción, participa en la sección Indispensable en mi maleta compartiendo algunos libros, encuadrados en la literatura infantil y juvenil, que han sido cruciales en su vida.
Ricardo Gómez Gil es uno de los escritores más importantes del panorama LIJ. Sus conmovedoras historias han merecido algunos de los más importantes galardones que se conceden en este campo, desde el Premio Alandar, que ha obtenido en dos ocasiones, hasta el Premio Cervantes Chico, otorgado como reconocimiento a toda su trayectoria, pasando por el Gran Angular o el Barco de Vapor.
Nacido en 1954 en un pueblo de Segovia, a muy temprana edad su familia se trasladó a Madrid. Tras estudiar Matemáticas, durante más de veinte años ejerce la docencia como profesor de esta disciplina. Su incursión en el mundo de la literatura se produce a mediados de los años noventa. Desde entonces ha cultivado distintos géneros. como la poesía, la novela y el relato corto.

Imagen: Edelvives
Cinco títulos son pocos, nada. Llenaría una maleta con libros de colegas españoles coetáneos y un baúl con obras de todos tiempos, para niños y para algo mayores, yendo tan lejos como releer fragmentos de la "Odisea" de Homero o tan cerca como para cargar con álbumes de Shaun Tan. Pero como las reglas son las que son, elijo cinco que me marcaron en diferentes épocas de la vida, como lector y como aprendiz de escritor, y que podría leer y compartir con mis acompañantes jóvenes en cualquier naufragio un poco prolongado.

De la Tierra a la Luna, de Julio Verne
Significó en su momento para mí una apertura al mundo de la ciencia ficción, en una época en la que estaban de moda los viajes espaciales, allá por los años 60. Lo leí a los catorce fascinado porque Verne hubiera elegido la misma ubicación para su cañón que más adelante se utilizó para enviar las naves americanas; porque el viaje de Barbicane a la Luna se realizara en cuatro días y una hora, y el viaje del Apolo VIII durara cuatro días… Y así, mezclando la literatura, la ciencia y la fantasía.

Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift
Una reflexión sobre la condición humana en clave metafórica, que aúna la crítica social y la imaginación viajera. Un ejemplo de cómo un libro que no fue pensado inicialmente para jóvenes se convierte en una historia leída (y prohibida en su versión íntegra) durante muchas generaciones de adolescentes, de contenido sutilmente actual.
Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll
Alicia no es fácil, y tampoco está claro que sea un libro para niños, pero hay escenas y personajes divertidos, inteligentes y delirantes que han inspirado muchas historias posteriores. Como no tiene por qué leerse entero, y sí degustarse en pequeñas porciones, merece la pena entretenerse con la versión que contiene las anotaciones de Martin Gardner.

Matilda, de Roald Dahl
Políticamente incorrecto, Matilda es un ejemplo del amor por la literatura, o de la literatura como refugio. Cuando lo leí, ya de adulto, recuerdo que pensé: “¡Anda, pero si estas cosas se pueden escribir para niños; se puede escribir así de bestia…!” (Me cabe la duda de si editoriales y editores contemporáneos publicarían hoy las obras infantiles de Roald Dahl, pero este es otro asunto).

La Materia Oscura, de Phillip Pullman
Es una lástima que ciertos libros convivan con otros que, por moda o por marketing, son mucho más conocidos, vendidos y leídos. La trilogía de Pullman me parece una obra imaginativa, original y valiente, que ofrece personajes con alma (externa e interna) y que desafía los cánones sociales y filosóficos establecidos. La película no hizo justicia al libro, de modo que me quedo cien veces con este.
A través de los hipervínculos puedes descubrir todos los libros firmados por estos autores de los que hemos hablado en Canal Lector,
así como las reseñas de las obras elegidas por Ricardo Gómez.