Mi madre me enseñó a leer a los cuatro años y desde entonces he sido una lectora compulsiva y omnívora. Me crié en una casa llena de libros y de plantas, que me parecen el complemento ideal. Escribo porque me hace feliz contar historias y sigo conservando la ingenuidad de pensar que pueden hacer felices también a otras personas, de cualquier edad. Amo lo extraordinario, los misterios, los secretos, lo fantástico, las aventuras que sólo se viven a través de la palabras escrita y los viajes auténticos a cualquier lugar del mundo. Estoy convencida de que la vida es un regalo con el que hay que jugar y que hay que compartir para poderlo disfrutar realmente.