Roberto Aliaga inaugura el segundo ciclo de Indispensables LIJ en Canal Lector
El escritor y biólogo manchego comparte recuerdos y su pasión por los libros seleccionando cinco obras fundamentales en su trayectoria como lector y creador
Roberto Aliaga Sánchez nació en Argamasilla de Alba (Ciudad Real) en 1976. Es licenciado en Biología por la Universidad de Alicante, ciudad en la que estuvo un tiempo trabajando como profesional de este campo en una consultoría ambiental.
Tiene publicadas más de 50 obras infantiles y sus libros se han traducido a 16 idiomas. Además, ha trabajado en adaptaciones de obras extranjeras, colabora de forma habitual con editoriales de educación Infantil y Primaria, participa en seminarios y conferencias sobre LIJ. Desde 2009 se dedica en exclusiva a la escritura. Es habitual su presencia en colegios y bibliotecas donde celebra encuentros con los lectores de todas las edades.

Es por ello que, para intentar ser lo más sincero posible —dentro de mi subjetividad— y no dejarme llevar por otras consideraciones, se me acaba de ocurrir que elegiré solamente obras de escritores que ya nos dejaron. Escritores inmortales, que siguen contándonos sus historias al oído...
Ahí van:

Jim Botón y Lucas el maquinista, de Michael Ende
(Noguer)
Esta es una de las primeras lecturas que me atraparon. Y, como la mayoría de los libros que he leído a lo largo de mi vida, procedía de una biblioteca. Concretamente, de la biblioteca de aula de 3º de EGB de mi colegio.

Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez
(Alianza editorial)
Platero es otra lectura de mi infancia. Empezar a leerlo, en voz alta, es casi como recitar una oración. Mi ejemplar, de Biblioteca Didáctica Anaya del 85, es uno de los primeros libros que tuve. Está forrado —déjenme que muestre también mi pasión por libro como objeto—, y la caligrafía que aparece en la portadilla no puede ser más ingenua…
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A la sombra del maestro, de Juan Farias
(Leer-e)
A Juan Farias lo descubrí de mayor —más vale tarde que nunca—, y aunque es difícil elegir entre todas sus novelas, me quedo con esta. Por lo que dice, pero, sobre todo, por la belleza con la que lo dice.

El principito, de Antoine de Saint-Exupèry
(Salamandra)
Para mí, El principito es un libro mágico. Cada lectura es distinta. Cada personaje puede tener infinitas interpretaciones, y no solo dependiendo de la edad del lector o de su estado emocional. Es uno de esos libros redondos que te acompañan durante la vida.
En cierta ocasión, escuché que las personas se dividen entre los de El príncipe de Maquiavelo o El principito de Saint-Exupèry. Y he de decir que no puedo estar más orgulloso de mi elección.

La princesa prometida, de William Goldman
(Martínez Roca)
Por supuesto, primero vi la película —un VHS de videoclub—, pero, como en tantas otras ocasiones en que me encuentro con una historia que me fascina, acabé buscando la versión impresa, leyéndola, y releyéndola…