Segundo capítulo de las aventuras de la serie protagonizada por Montgomery Bonbon, alter ego de Bonnie, una sagaz niña de diez años a la que conocimos durante las pesquisas en el museo Hornville de Historia Natural y Cosas por el Estilo. Durante una escapada vacacional junto al abuelo, exvendedor de helados, recala en Isla Rhara, lugar con ambiente enrarecido y poblada de extraños avisos que llaman la atención de la pequeña. No tarda en producirse un terrible incidente, alguien ha muerto en el faro en extrañas circunstancias. El fétido aroma que se respira en el muelle es la puerta de entrada a una investigación complicada (menos mal que llevaba el disfraz de investigador en el equipaje); pues todos los residentes en la zona parecen estar implicados, y el clima tormentoso potencia un ambiente enigmático (a la vez que divertido, como demuestra en las propuestas de interacción con el lector y otros giros). La trama culmina en un final propio de un film de Hitchcock o de una canónica novela whodonit, con la explicación de lo que aconteció posteriormente en la vida de cada protagonista. La trama combina intriga y sonrisas con ritmo ágil y numerosas ilustraciones en tinta china. Tal y como se esboza en la nota que sirve de epílogo, es muy probable que Bonnie tenga que viajar, pronto, a un nuevo destino para seguir poniendo a prueba sus dotes detectivescas...
Segundo capítulo de las aventuras de la serie protagonizada por Montgomery Bonbon, alter ego de Bonnie, una sagaz niña de diez años a la que conocimos durante las pesquisas en el museo Hornville de Historia Natural y Cosas por el Estilo. Durante una escapada vacacional junto al abuelo, exvendedor de helados, recala en Isla Rhara, lugar con ambiente enrarecido y poblada de extraños avisos que llaman la atención de la pequeña. No tarda en... Seguir leyendo
MUERTE EN EL FARO

Isla Rhara
Lo más pesado de ser detective es que casi nunca puedes irte de vacaciones.
En eso iba pensando Bonnie, sentada en la vieja furgoneta gris de helados que traqueteaba por la carretera elevada que conducía hasta Isla Rhara. El vehículo se llamaba Bessie y lo conducía el abuelo Banks, exvendedor de helados que iba tan elegante como siempre, con un cárdigan hecho a medida y un pañuelo de seda.