Siempre ha remarcado que, de pequeña, lo que más le gustaba era dibujar, leer y contar historias, y ha tenido la oportunidad de seguir haciéndolo como maestra e ilustradora profesional.
Ha publicado más de treinta libros y trabajado para editoriales y medios como Cruz Roja, Zara, la revista Cavall Fort, Le Joie de Lire, Baula, Edelvives, La Galera, Claret, Barcanova, Diari Ara, Fulgencio Pimentel y El País. También ha participado en diferentes exposiciones colectivas e ilustrado numerosos libros de texto.
Junto a Colin Thibert ha publicado, para el mercado francés,
Le chien du bout du monde: Thelma Templeton mène l'enquête (2023);
La machine infernale: Thelma Templeton mène l'enquête (2023),
La chambre secrète (2024),
Le disparu de Blackwood (2025) -todos ellos en La joie de lire-;
Flairosa, la bruixa dels sabons (con texto de Carles Sala, en Barcanova, 2018);
La Palangana i el cas de l'àvia Hortènsia (con
Eulàlia Canal, en Barcanova, 2010); o, para los más pequeños, la colección protagonizada por la
Vaca Plis Plau (junto a
Pep Molist, en Baula, entre los años 2005 y 2015)
Fui una niña muy lectora. Mi familia procuró alentar esta afición, primero leyéndome cuentos y más tarde procurando que tuviera siempre a mano lecturas variadas y estimulantes. Recuerdo con cariño las tardes que pasaba en la biblioteca del barrio, rebuscando en las estanterías y haciendo los deberes.
Estos son los primeros títulos que me vienen a la mente de esa época. Gracias por la oportunidad que me habéis dado de bucear un poco en mis recuerdos literarios, ha sido un verdadero placer.
Les aventures de Vània, el forçut
Traducción de Miryam Delgado
Boadilla del Monte (Madrid) / Barcelona: SM, Cruïlla, 1991
Las colecciones de "El barco de vapor" me entusiasmaban. El libro que más recuerdo es esta edición en catalán en la que se narraban las increíbles aventuras de un chico que pasaba de ser un vago redomado a un héroe de leyenda.
Ilustraciones de Uwe Häntsch
Traducción de Mª Victoria Martínez
León: Everest, 1984
No recuerdo como este libro llegó a mis manos. Tampoco la portada, ni las ilustraciones, pero en cambio recuerdo perfectamente el impacto que tuvo en mí. Fue el primer libro con el que sentí miedo. Recuerdo leerlo con el corazón en un puño, sufriendo al sentir la desesperación de la pequeña Gerda en su viaje para rescatar a Kay.
Los cristales del mal clavados en los ojos y el corazón del niño me sugestionaron de tal modo que terminé la lectura a duras penas y lo borré de mi memoria. Años más tarde recuperé la historia en mi cabeza identificando algunos de sus fragmentos mientras veía "Frozen" con mi hija.
Traducción de El Perich y Víctor Mora
Barcelona: Grijalbo / Dargaud, 1ª edición, 1986
Podría considerar esta colección la piedra angular de mi afición a la lectura. Las aventuras de Astérix y Obélix llegaron a mí a través de mi padre y se convirtieron en una relectura infinita que dura hasta hoy. Me siguen fascinando estas aventuras que mezclan la historia antigua con el humor (y los deliciosos chistes lingüísticos, magistralmente traducidos por el Perich); con los increíbles dibujos de Uderzo, llenos de detalles y expresividad.
Con los años me he sorprendido al darme cuenta de que mi trayectoria profesional como maestra, dibujante y escritora sigue la senda que Goscinny y Uderzo me señalaron: literatura, historia, mitología, dibujo y mucho humor.
Barcelona: Seix Barral - Biblioteca Breve, 1991
Siguiendo con el humor y como barcelonesa nacida en los 80, no ha habido libro que me haya hecho reír a carcajadas, literalmente, como este. El retrato loco, tierno y surrealista que hace el extraterrestre de la Barcelona preolímpica me sigue pareciendo una joya.
Obras completas: Asesinato en el Orient Express
(incluye también El misterioso Sr. Brown y Los cuatro grandes)
Traducción: Diorki
Barcelona: Editorial Orbis, 1988
Quizás los primeros libros que leí sintiendo que estaba entrando en la “literatura de mayores” fueron los de la colección "Obras Completas de Agatha Christie". Se los cogía prestados a mi tío durante las vacaciones de verano, y me quedaba hasta la madrugada leyendo a escondidas.
La Cristina de por aquel entonces (debía tener 10 o 11 años) estaba convencida de que escondía muy bien sus pistas y que sus padres jamás se enterarían de que estaba despierta bajo las sábanas leyendo hasta bien tarde sobre misterios, asesinatos y aristócratas ingleses. Hoy en día tengo mis dudas…