El Dinosaurio, el príncipe, la niña y su mamá

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. La niña abrió la ventana, y allí seguía el animal, en mitad del prado.
–Buenos días, dinosaurio –le dijo, saludándolo con la mano.
El animal miró hacia la ventana y movió el rabo como si fuera de plastilina verde.
–¡Mamá, en el prado hay un dinosaurio verde!
–Sí, guapita, y yo soy Blancanieves, la más hermosa del bosque...
La madre de la niña no estaba aquella mañana para muchas bromas.