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La señora Chatarra
Señora Chatarra mantiene una especial relación con los objetos que ya no quiere nadie, podríamos decir que sufre una especie de "síndrome de Diógenes", pero la razón de su comportamiento parece, si despojamos de simbología el relato, a todas luces coherente. La chatarra es una metáfora con la que se quiere poner en valor actitudes que deberíamos tener interiorizadas como el reciclaje o la capacidad de encontrar belleza y utilidad en aquello que la sociedad considera inútil. Para ella, cada pieza tiene un valor único y merece una segunda vida. Su figura despierta la curiosidad -y en algunos casos el rechazo- de quienes la rodean, especialmente los niños, que poco a poco comienzan a descubrir su peculiar universo. A lo largo del relato, la relación entre la Señora Chatarra y el resto de los personajes permite explorar temas como la creatividad, el respeto por la diferencia, la empatía o la necesidad de desechar los prejuicios. Sin didactismos, el relato incita a reflexionar sobre el consumo desaforado de la sociedad actual, el desperdicio continuo y la responsabilidad individual y colectiva para mantener con salud nuestro medio ambiente. En la parte gráfica, Ignasi Blanch aporta una pequeña colección de imágenes que representan a los protagonistas y fragmentos de los escenarios en donde se mueve el personaje principal, con sensibilidad y dinamismo expresivos, apoyándose en colores vivos y composiciones muy vivas.
Señora Chatarra mantiene una especial relación con los objetos que ya no quiere nadie, podríamos decir que sufre una especie de "síndrome de Diógenes", pero la razón de su comportamiento parece, si despojamos de simbología el relato, a todas luces coherente. La chatarra es una metáfora con la que se quiere poner en valor actitudes que deberíamos tener interiorizadas como el reciclaje o la capacidad de encontrar belleza y utilidad en aquello que la sociedad considera inútil.... Seguir leyendo
La señora Chatarra
Puede que la ciudad de esta historia sea la ciudad en la que vives tú. Puede que no lo sea, aunque tal vez se le parezca. La ciudad donde ocurre lo que vas a leer es una gran ciudad, de esas que se proyectan desde el cemento para rascar la barriga del cielo, pero que también excavan túneles por los que se deslizan vagones subterráneos. Es como un hormiguero gigante, abarrotado de edificios de varios pisos, cada uno con sus ventanitas, puertas y habitaciones. Si miras por esas ventanitas, podrás ver que todas las casas están llenas de gente.
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