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LA MEMORIA DE LAS BICICLETAS
El jurado del Premio SM El Barco de Vapor 2026 eligió la propuesta del escritor y guionista barcelonés como mejor obra de literatura infantil por su sinceridad, calidez y optimismo, tal y como reflejó en el acta. Una historia que aviva el recuerdo de las "primeras veces", enmarcada en un tiempo difícil -a título personal-, para su protagonista. El verano arranca con pocas perspectivas para Martín, obligado a pasar las vacaciones en la casa de la tía Adela, en el pueblo de su madre, y alejado de sus padres, cuya relación no pasa por su mejor momento. Pero la aparición de Sabela y Cibrán inocula en el pequeño la mayor energía para ser feliz: la curiosidad. Según sus teorías, un espectro solitario vaga a sus anchas por una vieja casa familiar y animará a la pandilla a compartir andanzas, secretos y convivencias. En segundo plano, el lector descubre la crueldad de las enfermedades degenerativas (su tía abuela vive atrapada en la desmemoria, eternamente esperando la carta de un antiguo novio); las sensaciones del primer enamoramiento o de las pedaladas erráticas, el placer de compartir lecturas y las recetas caseras y otras muchas experiencias captadas, como solo él sabe hacerlo, por la maestría gráfica de Mikel Valverde, que sublima los contenidos literarios con una colección de sencillas pero cautivadoras ilustraciones para subrayar un periodo vital irremplazable.
El jurado del Premio SM El Barco de Vapor 2026 eligió la propuesta del escritor y guionista barcelonés como mejor obra de literatura infantil por su sinceridad, calidez y optimismo, tal y como reflejó en el acta. Una historia que aviva el recuerdo de las "primeras veces", enmarcada en un tiempo difícil -a título personal-, para su protagonista. El verano arranca con pocas perspectivas para Martín, obligado a pasar las vacaciones en la casa de la tía Adela, en el pueblo de su madre, y... Seguir leyendo
LA MEMORIA DE LAS BICICLETAS
Un verano sin playa Aquel iba a ser el peor verano de la historia. Bueno, de la historia igual no. Pero el peor de mi vida, estaba convencido de que sí. Las vacaciones acababan de empezar y ya bostezaba de puro aburrimiento. Miraba por la ventanilla del autocar y solo veía prados verdes y árboles. Miraba por la ventanilla del otro lado: más prados, más árboles y alguna vaca.
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