La escritora e ilustradora Concha Pasamar se adentra en los ramajes del folclore europeo para configurar el mito de Melusina, a partir de los mimbres del relato que Jean d’Arras, poeta y compositor francés del siglo XV, dio a conocer en torno a los años 1392-93. El amor entre la maga y un mortal transforma a la primera en mujer de carne y hueso. Sin embargo, la relación estará condicionada por un pacto de privacidad que otorga a Melusina la garantía de que existirá respeto a sus voluntades, entre ellas la exigencia de que su esposo no pueda verla los sábados. La traición de esta norma revela la verdadera naturaleza del hada, que adquiere una forma híbrida (humana con cola de serpiente o dragón), y desencadena el trágico fin de su linaje. La versión de Pasamar pone el foco en la figura femenina y empodera a la protagonista, cuya merma de su libertad es consecuencia de la insana desconfianza e ineptitud masculina. Los grabados que acompañan al relato permiten atisbar la dualidad entre lo humano y la parte oscura de la existencia, con hermosas ilustraciones en tonos verdosos distribuidas al estilo de las antiguas aleluyas, introducidas en algunas partes de la península con el nombre de "auques" o "auques de redolins". La autora triunfa en su deseo de acercar los textos del género caballeresco a un público actual con su elegante y melancólica narrativa y, muy especialmente, gracias al impresionante trabajo gráfico.
La escritora e ilustradora Concha Pasamar se adentra en los ramajes del folclore europeo para configurar el mito de Melusina, a partir de los mimbres del relato que Jean d’Arras, poeta y compositor francés del siglo XV, dio a conocer en torno a los años 1392-93. El amor entre la maga y un mortal transforma a la primera en mujer de carne y hueso. Sin embargo, la relación estará... Seguir leyendo
MELUSINA o La naturaleza de las hadas

Acerca de la estirpe de la hermosa Melusina
Tal vez de no haber matado a su señor, el destino de Raimondín no se hubiera cruzado con el del hada que llegaría a ser causa de sus mayores alegrías y de sus penas mayores.
Todo había comenzado en realidad en un bosque, mucho tiempo atrás. Un bosque, como lo eran muchos por entonces, denso y oscuro, aunque en los días soleados la luz se filtraba entre las copas y se abría camino a través de las ramas para avivar el verdor del helecho y hacer florecer los racimos de la dedalera.